¿Puede un juego de escape en un museo fortalecer nuestra sensibilidad hacia el medio ambiente?
Los museos no sirven solo para exhibir objetos o contar la historia. También se están convirtiendo en lugares donde se aprende de manera lúdica e informal. En Hungría, un observatorio científico probó un enfoque original para sensibilizar a sus visitantes sobre la protección del medio ambiente: un juego de escape. Este tipo de actividad, muy popular entre familias y grupos de diferentes edades, permite combinar entretenimiento y educación.
El principio es simple. Equipos de tres a seis personas deben resolver una serie de enigmas en un tiempo limitado. Aquí, el tema central es la gestión de residuos con el lema «reduzir, reutilizar, reciclar». Los jugadores descubren primero un maletín lleno de residuos, una puesta en escena deliberadamente impactante para marcar las mentes. Luego deben clasificar botellas de plástico, identificar productos peligrosos o incluso optimizar una lista de compras para limitar el desperdicio. Cada enigma está diseñado para provocar reflexión y debate entre los participantes. Los más jóvenes disponen de algunos minutos adicionales, para que el desafío siga siendo accesible sin ser demasiado fácil.
Para medir el impacto de este juego, 131 visitantes respondieron un cuestionario antes y después de su participación. Los resultados son claros: su actitud hacia el medio ambiente mejoró de manera significativa. Las preguntas se centraban en emociones como la ira ante la contaminación, la ansiedad relacionada con la deforestación o el orgullo de actuar por el planeta. Tras el juego, las respuestas muestran una mayor preocupación por estos temas. Los estudiantes universitarios incluso avanzaron más que los estudiantes de secundaria, probablemente porque los enigmas se adaptaban mejor a su nivel de comprensión.
Lo que hace que este juego sea efectivo es su capacidad para crear interacciones entre los jugadores. Al discutir y colaborar para resolver los enigmas, los participantes aprenden unos de otros. Este enfoque se inspira en el socioconstructivismo, una teoría según la cual se construyen los conocimientos intercambiando con los demás. El juego también estimula la curiosidad y el sentimiento de logro, dos motores importantes para arraigar nuevos comportamientos.
Otra ventaja: este formato es poco costoso y fácil de adaptar. Basta con un maletín, algunos candados de código y materiales reciclados para recrear la experiencia en otro lugar. Los museos, especialmente los más pequeños, pueden así ofrecer actividades educativas sin invertir en instalaciones complejas. El desafío es considerable, ya que los lugares culturales tienen un papel que desempeñar en la transición ecológica. Alcanzan a un público amplio y variado, mucho más allá de las aulas.
La experiencia demuestra que es posible hacer que el aprendizaje de la ecología sea más concreto y atractivo. Al convertir a los visitantes en actores, el juego les ayuda a comprender mejor los gestos cotidianos y su impacto. Una forma astuta de mostrar que proteger el planeta también puede ser un momento de complicidad y placer compartido.
Origine des sources
Publication originale
DOI : https://doi.org/10.1007/s11159-025-10178-x
Titre : An escape game in a museum as an opportunity to enhance visitors’ environmental attitudes
Revue : International Review of Education
Éditeur : Springer Science and Business Media LLC
Auteurs : Mihály Kovács